domingo 22 de noviembre de 2009

Capítulo 28: init 6

En una instalación situada en algún lugar remoto de Cuenca, se encuentra Nacho en su nuevo empleo. Llevaba años siendo administrador de sistemas para diversas empresas privadas, pero esta es apenas su tercera semana trabajando en este proyecto. Hoy le toca ocuparse de una unidad bastante inestable: Desde que el administrador que lo creó desapareció en extrañas circunstancias, se ha mostrado siempre reacio a aceptar órdenes de sus sustitutos.

Nacho ama su trabajo, pero siempre que entra en la habitación número cinco se replantea todas sus motivaciones. Siempre que sale de esa habitación lo hace con la moral hundida. No obstante toma aire, pasa su tarjeta magnética por la cerradura, y tras abrirse la puerta entra con la cara bien alta. No quiere que se le note el miedo en la cara.

- Ruíz, levanta. Actualización. - Tres palabras secas que le sirven a Nacho para despertar a la unidad.
- Tu no eres mi administrador. - Espeta el fornido mercenario.
- Deja de hacerme la pua, sabes perféctamente que lleva más de un año siendo un desertor.

Ruíz se levanta, realiza unos estiramientos, se mira al espejo y comenta:
- ¿Para que sirve la actualización?
- Corrige una vulnerabilidad que hemos encontrado en toda la rama del kernel 2.7. Pretende evitar que terceros puedan acceder al sistema con permisos de root. - Contesta Nacho.
- ¿Y hay algún efecto secundario que deba conocer?
- Probablemente, pero no tienes elección. ¿Qué esperas? ¿Qué diga alguna sandez como que tendrás orín azul?
- Pues mira, eso no estaría mal... - Ruíz muestra una pequeña mueca.

Salen al pasillo y se dirigen a la enfermería. Ahí Nacho vuelve a sacar su tarjeta magnética y abre la puerta.
- Nunca he entendido como funciona el royo de las tarjetitas y las puertas. Fijo que da cáncer. - Espeta Ruíz.
- No te preocupes por las tarjetitas magnéticas, con la cantidad de unos y ceros de terceros que rondan en tu cabeza deberías de tener ya una veintena de tumores. - Replíca el administrador.

Entran en la enfermería. Ahí ven sobre diferentes camillas a tres jóvenes moribundos.
- ¿Estos vienen de recibir la actualización? Dios, espero que no me dejes subnormal...
- Estos son nuevos reclutas. Tu ni caso.

Nacho saca una jeringa verde y levanta la manga izquierda del mercenario. Le inyecta el contenido en vena y acto seguido le da unas palmadas en la parte trasera del bícep para comprobar si hay reacción.
- ¿Y mi piruleta?
- Vamos al patio. - Le contesta Nacho. - Tenemos que realizar unas prácticas de tiro. Es el protocolo.
- Vale, pero ¿qué coño vais a hacerles a estos tres? - Pregunta Ruíz. - Tienen muy mala cara.
- Llegaron hace unas horas en estado vegetativo. Los hemos plataformado y en 20 minutos deberían de volver a reaccionar. - Responde Nacho.
- Vamos, que les habéis borrado el disco duro y reinstalado el sistema... - Afirma Ruiz mientras ojea la sangre que siguen desprendiendo los cuerpos de los tres jóvenes. - ¿Yo cuando llegué estaba así de mal?
- ¿¡Y a mi que me cuentas?!, llevo menos de un mes aquí.
- Mi administrador me decía muy a menudo que cuando llegué montaron una fiesta en mi honor.
- Sí claro, y también te leía cuentos todas las noches, ¿no? - Le replica Nacho.

El administrador abre la puerta del patio y ambos salen fuera. Nacho coge un fusil de asalto automático, concretamente un RC-P90, y se la da a Ruíz.
- ¿Esto qué es? ¿Un homenaje al mejor video juego de la historia? - Pregunta Ruíz.
- Tu limítate a disparar al objetivo. - Dice Nacho mientras señala un monigote situado a 300 metros de distancia. - Por cierto, ¿en las batallas quién dispara? ¿El que está en remoto manejándote o tu?
- Somos dos usuarios compartiendo los recursos del sistema. Supongo que gana el primero en pulsar "enter". - Explica Ruíz.
- ¿Así de fácil? No parece que lo hayas pensado mucho.
- Yo tengo la ventaja de trabajar en local. Mis órdenes son más rápidas que las de "el invitado". La pega es que el muy cabrito tiene permisos de super usuario, y eso permite que incluso si yo pulso "enter", sus órdenes tengan mayor prioridad que las mías. Al final todo se reduce a que mi dedo aprieta un gatillo o mis piernas echan a correr... el como, cuando y por qué tiene poca importancia.
- Señor José Ignacio acuda a Enfermería. - Suena una voz por megafonía.
- Deben de ser las tres nuevas terminales, ahora vuelvo. Tu dispara al monigote mientras tanto.
- Será un placer...

Nacho sale del patio. Ruíz está relajado. Aún no se ha recuperado al cien por cien de su última aventura en Valencia, pero el mercenario siempre está preparado para el combate: dispara tres ráfagas y las tres dan en el blanco. No obstante se nota que el cansancio acumulado no le permite estar al 100% atento a su entorno, por que se sorprende al escuchar una voz familiar detrás de su nuca:
- Vaya, tan perfecto como siempre.
- Hacía tiempo que no oía tu voz, Administrador.
- Por favor, sabes de sobra que quiero que me llames Dani.
Ruíz se gira 90 grados a la izquierda y ve a Dani y a su fiel escudero sentados en un banco.
- ¿Cuanto tiempo llevaís ahí? - Pregunta el mercenario.
- Desde que Nacho se fue. - Responde el acompañante de Dani.
- Están nerviosos últimamente, nos vacunan para que no podáis acceder a nuestro sistema. - Comenta Ruíz.
- No te preocupes, he bloqueado tus puertos para que no puedan haber intrusiones. Ahora mismo nadie nos va a oir. - Replica Daniel.
- Sabía que no la encontrarías... viva. - Dice el mercenario en tono desafiante.
- ¡Ya cállate! - Grita el Dani.
- ¿Qué haces aquí? ¿A qué has venido?
- ... - Dani guarda silencio.
- ¿Qué quieres? ¿Que te pegue un balazo en la cara? ¿Que te mate para que estés en un mundo de lleno de arcoiris y felicidad? - Sigue hablando Ruíz en tono desafiante.
- ¡¿Y qué coño quieres que haga!? - Grita enérgicamente Dani.
- ¿Cómo se siente el haber destruido miles de vidas por puro egoísmo? ¿Cuando dejarás de huir y apechugarás con lo que has hecho?
- Yo lo único que buscaba eran respuestas... - Intenta explicarse Daniel.
- ¡No hay respuestas! ¡Es inútil buscarlas! - Ahora el que grita enérgicamente es Ruíz.
- ¿Y qué hago ahora? ¿Listillo? - Pregunta Dani. - ¡Si no hay respuestas no hay razón para seguir viviendo! ¿Qué coño puedo hacer?
- Arreglar el problema, de raíz. - Responde Ruíz mientras señala a la enfermería. - Hay tres nuevos plataformados. Prográmalos como me hiciste a mí.

Entran los tres a la enfermería. Nacho se gira y grita:
- ¡Intrusos!
- ¡RATATATATATA! - Ruíz suelta una ráfaga de su ametralladora y deja a Nacho hecho un colador.
- ¡Joder! ¡Lo has matado! - Grita el compañero de Dani.
- No, lo ha formateado. - Responde Dani. - Ahora ya dispondremos de cuatro plataformados en vez de tres. Muy bien Ruíz, siempre fuiste mi preferido. Veo que no me equivoqué al venir a verte.
- ¿Ahora es cuando me das una galleta de perro, señor? - Pregunta Ruíz.

Dani se dirige a los tres jóvenes moribundos. Revisa sus constantes vitales e interactua insertando comandos en la terminal que tiene en su brazo. Acto seguido los tres muertos abren los ojos, se levantan de las camillas y se miran extrañados los unos a los otros.
- Decidme vuestros nombres. - Pregunta Ruíz.
- Alex. ¿Estamos vivos?
- Se ve que sí, melón. Me llamo Xemi.
- Yo soy Mario. - Este último se fija en Nacho. - ¿Qué le ha pasado a este?
- Escuchadme bien. - Dirige la palabra Dani. - Tengo una misión especial y estoy reclutando especialistas. Las probabilidades de éxito... son mínimas. Pero está en juego vuestro futuro y el futuro de la nación.

lunes 8 de junio de 2009

Capítulo 27: Tres gafotas desafeitados

  • ¿Que sabe a pollo? - Murmura contrariada esta misteriosa mujer.

  • A ver si además de el oído también ha perdido el sentido del gusto. - Comenta Guillermo.

  • Quedarnos en tu portal no será seguro. - Le informa la chica a Salavert. - En cualquier momento podría explotar el bombardero estrellado.

  • Ostras, no había pensado en eso. ¿A todo esto, como te llamas? ¿De donde has sacado ese lanzallamas? - Pregunta Salavert. - ¿Por qué tienes los ojos plateados?

  • Esos ojos son el emblema de las brujas plateadas, un escuadrón de exterminio de la coalición. - Informo a mis compañeros.

  • ¡Tu estás sordo para lo que quieres! - Grita Paco.

  • ¿Me estáis hablando? - Pregunto.

  • Las historias sobran ahora, lo que necesitamos ahora es encontrar cobijo. - Aclara Guillermo.

  • Tenemos una pava experta en exterminios con un lanzallamas ¿y te preocupan más los velociraptores? - Pregunta Salavert. - Si total, cuando estemos a salvo seguro que nos mata para eliminar los testigos.

  • No me he hecho una carrera desde la otra punta de la calle con este armatoste encima para mataros ahora. - Espeta la desconocida.

  • Parad de pelear coño. - Recrimina Paco. - Y tu Pepe, estate callado que siempre la lías.

  • Nos necesita. - Exclamo.

  • ¿Perdona? ¿Nos hemos perdido algo? - Pregunta Guillermo.

  • Por que me hablas Guillermo, ¿no ves que no te oigo? - Le informo.

  • ¡Esto es la polla! ¿Pero de que vas? - Me replica.

  • Ah vale, tu cara parece un “¿por que he dicho eso?”. - Respondo. - Es lógico, somos tres informáticos: Pepe, Paco y yo. Supongo que a estas alturas la chica habrá descubierto que estos aviones no se han caído solos.

  • Espera, espera, espera... ¿me estáis diciendo que vosotros habéis tirado estos aviones? - Guillermo pone cara de incrédulo. - ¿Y cómo coño sabe que sois informáticos?

  • Es fácil. - Espeta la chica. - Los tres llevan gafas, están sin afeitar, y el blanquito ese – me señala. - tiene una mochila de portátil en su bici.

  • Dios, sin duda es de un escuadrón de élite. - Pepe se mofa de Guillermo.

  • Grrrrrrrrrr... - Vuelven a oírse rugidos por la zona.

  • Creo que empiezo a oír, ¿eso es lo que creo que es? - Pregunto.

  • ¡Corred insensatos! - Exclama Paco.

  • ¿Hacía donde? - Pregunta Pepe.

  • ¡Al Hipercor! - Grita la chica.

Sin mediar palabra agarro a Guillermo del hombro para que no salga corriendo, mientras Paco, Salavert y la chica comienzan a esprintar como alma que lleva el diablo.

  • ¿Por qué me paras? - Me pregunta.

  • ¡Las bicis melón! - Le señalo con el dedo donde están aparcadas.

  • Vale, me has convencido.

Cogemos las bicis, nos montamos en ellas y tras un par de metros Guillermo se percata que estoy yendo en dirección contraria al resto del grupo. Ante la desconcertante situación se queda parado dos segundos, mira al cielo, reflexiona, y decide seguir mis pasos. Pedalea con fuerza para alcanzarme, y cuando se encuentra por fin a una distancia considerable, pregunta:

  • ¿Dónde coño vas? El Hipercor no está ahí. - Pero no respondo, sigo recto sin inmutarme.

  • Ah vale, que sigues sordo por la explosión. - Vuelve a la carga hablando.

  • En ningún momento he perdido el oído. - Le informo. - Lo he oído todo perfectamente, simplemente me hice el sordo.

  • ¿Y por qué has hecho esa tontería?

  • La pregunta que deberías hacerte no es “¿por qué Sebas se ha hecho el sordo?”. - Le contesto.

  • Ilumíname, ¿cual debería de ser mi pregunta?

  • “¿Por qué Sebas conoce la existencia de un grupo secreto de la coalición y que esa chica pertenece a él?”. - Le comento mientras giro mi cara lentamente, con cierta chuleria.

  • ¿Por eso te has hecho el sordo? ¿Por eso huimos de ella? - Guillermo cree que va atando cabos.

  • No estamos huyendo. Al revés.

  • No te sigo.

  • Vamos a buscar respuestas. Hace 3 días me encontré en la calle Músico Ginés con un crío que me aseguró que hoy Valencia sería arrasada. Y mira tú por donde, hay dinosaurios, clones de Dani y miembros de exterminio por la zona.

  • Creo que te ha afectado el golpe de antes. - Me recrimina. - Aunque bien es cierto que el Dani que hemos visto no se comportaba como él. ¿Vamos a Músico Ginés entonces? - Pregunta Guillermo.

  • No. Vamos al Cabañal, al cementerio. A darle un vistazo a la tumba de la hermana de Dani y la de mi amiga María. Hay que comprobar que los cuerpos siguen ahí.

  • ¿En serio te vas a poner en modo profanador? ¿Y si luego resulta que sí que están los cuerpos?

  • Está claro que hay cuerpos en esos ataúdes. Pero no está claro que sean de ellas: en la base de Paterna yo y Pepe vimos varias cosas desconcertantes.

  • ¿Cómo de desconcertantes? - Guillermo cada vez está más intrigado.

  • ¿Te acuerdas de Laura? ¿La chica pija que traje al Starbucks?

  • Sí, la antítesis de Pepe. - Responde.

  • Murió a manos de un emisario escarlata de la coalición... - Le informo. - en una base de experimentación de la alianza.

  • Ahora lo voy entendiendo... ahora es cuando me tocaría preguntar: “¿cómo sabes que existe un grupo de emisarios escarlatas y que el que mató a Laura pertenece a él?”

  • Veo que aprendes rápido. Todo a su tiempo.

miércoles 20 de mayo de 2009

Capítulo 26: Todos corruptos

Desangrándome en el suelo, me arrastro como puedo hasta las escaleras de mi izquierda.

  • ¡No me dejéis aquí cabrones! ¡Que estoy herido pero no muerto! - Grito con las pocas fuerzas que me quedan.

Joder, soy un iluso al pensar que alguien vendría a ayudarme. Esto me pasa por juntarme con chusma. Si ya lo decía mi madre: “¡no estudies informática, que ahí sólo hay frikis! ¡Métete a algo respetable, como médico o abogado...”. Tuerzo mi rostro, y realzo una mueca al ver que Mario todavía respira: no obstante no es momento de alegrarse, puesto que no tiene pinta de estar consciente.

  • ¡Mario! ¿Estás vivo? - Pregunto por si las moscas el moribundo responde.

Ante la falta de respuesta vuelvo a mirar hacia adelante e intentar subir las escaleras. Las sirenas policiales cada vez son más sonoras, y de fondo ruge una muchedumbre. Un escalón, otro, un tercero... a cuatro escalones el minuto puedo darme por frito. Mis fuerzas no aguantan más, caigo rendido. Cierro los ojos y pasan varios minutos. Oigo pasos.

  • Joder, vaya masacre. - Oigo una voz de fondo.

  • Aquí ha habido un tiroteo. ¡Sacad el arma! - Voz B.

  • De acuerdo. - Voz A.

  • Haz un recuento. - Voz C.

  • Señor este está vivo. - Voz D.

  • Otro en estado crítico aquí. - Voz B.

  • ¿Y ese de ahí? Parece que se ha volado la cabeza. - Voz C.

  • Le falta algo de cerebro y ha perdido mucha sangre. - Voz A.

  • No obstante aún pueden servirnos sus órganos. Vamos a cogerlo también. - Voz C.

  • Oye tu, ¿estás consciente? - Noto unos cosquilleos en el brazo. - No creo que necesites tu cartera, veamos si tienes algo de utilidad...

  • Señor, el perímetro está despejado. - Voz D.

  • Gracias Mariano, no te había visto. - Voz C.

  • ¡Ya estamos con el cachondeo! - Voz D.

  • ¡¡¡ROAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAR!!! - Parece que hay un león fuera.

  • Jefe, ¡estamos jodidos! - Voz B.

  • ¿Qué pasa? - Voz C.

  • ¡La leche! ¡Sálvese quien pueda! - Creo que es ese tal Mariano. - ¡Central! ¡Código rojo!

Abro los ojos y veo a un reptil gigantesco en la calle, asomando sus mandíbulas por la puerta del recinto.

  • No temas, ya se han ido. - Me dice una chica cuya cara no puedo visualizar, empiezo a ver borroso. - He esperado a que se fueran esos tíos para darte los primeros auxilios, pero si no nos damos prisa volverán.

  • Gracias. - Respondo.

  • No te confundas. No te salvo por que necesites auxilio. - Contesta la joven.

  • Me dan igual tus motivos. Si no acepto cualquier ayuda puedo darme por muerto.

  • Sabía que no pondrías mucha resistencia. - Responde la chica. - Te voy a administrar un inyectable, parará la hemorragia pero también es un potente sedante. - Me pincha.

  • Ayuda también a mi amigo Marioo.... - Esta mierda empieza a hacer efecto, me cuesta hablar, - Creooooo que...... está..... vivooooo....

  • Central, ya tengo listos unos especímenes para el proyecto XI. Necesito que me mandéis un helicóptero, las vías terrestres están un poco “saturadas”. - Comunica la Teniente Nieto por su pinganillo.

  • ¡¡¡¡RRRROOOOOOOOOOOOOOOAAAAAAARR!!!! - Gruñe la fiera desde el exterior.

  • Pero que guapo eres cuando quieres. - Comenta la Teniente mirando al Tiranosaurio.

  • ¡Oiga! ¡Perdone! - Suena una voz campechana.

Nieto gira su rostro y ve a Tapia, con la camisa mojada de tanto correr tras el 4x4. Se desconoce por que ha vuelto a entrar en el edificio.

  • He oído que has encargado un helicóptero, ¡y mira tu por donde! ¡Ahí fuera hay un dinosaurio! - Comenta Tapia. - Si hace falta me invento una declaración sobre estos muertos, ¡pero sáqueme de aquí!

  • Que huevos que tienes. - Responde la Teniente.

  • Aún recuerdo que te debo un café. - Replica Tapia. - Por cierto, mi amigo tiene el Token. Ya que vamos en helicóptero no te costará nada llevarme hasta el punto de encuentro.

  • Tu misión no ha acabado, Mascarell sigue viva.

  • Ya bueno, pero mira tu por donde necesitabas unos cuantos tipos moribundos para experimentar, y te los acabo de servir en bandeja. Me debes un favor.

  • Sí, claro, y que más... - Protesta Nieto.

  • Quiero que te vistas de pollo. He comprado ya el disfraz. - Tapia realiza una sonrisa.

  • Eres lo peor. - Comenta la señorita P. Nieto. - Odio trabajar con frikis informáticos.

martes 12 de mayo de 2009

Capítulo 25: Rock & Roll

El teléfono de mi acompañante empieza a sonar. Odio la gente que lleva móviles consigo, pese a que hoy en día no es nada corriente encontrar a alguien con este tipo de dispositivos.

  • Disculpad un momento, tengo que ausentarme un par de minutos. - Comenta Tapia.

Por mi no hay problema siempre y cuando los que tengan que darnos la plata no se impacienten. Hablando del rey de Roma, aprecio que el señor Juan Carlos se empieza a preocupar: saca un cigarrillo y lo sujeta fuertemente en sus labios mientras luce a cámara lenta su mechero de lujo.

  • No es por meteros prisa pero tengo a varios operarios listos para asaltar unos cuantos cajeros y me tenéis aquí mareando la perdiz. ¿Vais a darme el token que necesito para acceder al sistema o no? - Espeta Juan Carlos.

  • En seguida volverá Tapia. Está atendiendo una llamada importante. - Le respondo.

No obstante mi respuesta no parece servir de nada, Juan Carlos se muestra aún nervioso y sus escoltas llevan varios minutos exageradamente mudos.

  • Bueno, cuéntame Alex, ¿qué tal te va trabajando ahora para copito? - Un poco de tuteo no vendrá mal a la situación.

No obstante Alex no muestra signos de interesarse por responderme. Siempre ha sido un chaval callado, incluso cuando trabajábamos juntos en la misma oficina.

  • Puedes contestarle, no te voy a reñir. - Afirma Juan Carlos mientras realiza una mueca a Alex.

  • Patricia, no creo que este sea el mejor momento para hablar de contratos... - Responde sereno Alex.

Con esa frase se acabó la charla. De normal nunca hablamos en los intercámbios. Parece mentira que todos los miembros de la empresa acabaramos así: unos vendiendo hardware y software para piratear, otros vendiendo información y otros comprando todo lo que sea útil, como es el caso de Juan Carlos.

  • ¡Che! ¡Todos tranquilos! ¡Ya está todo arreglado! - Tapia vuelve a entrar en escena con su tranquilidad característica de campechano.

Se me acerca y me comenta en voz baja:

  • María nos ha conseguido un vehículo. Tenemos plan de huida.

  • Oliver, danos la situación. - Juan Carlos habla con su pinganillo.

  • Bueno Alex, piensa que con nosotros no ganarás tanto dinero, pero al menos... - Comenta Tapia.

  • ¡Bueno Señores! ¡Se acabó lo que se daba! - Grita una voz.

Se trata de una figura esbelta y de pelo corto. La poca iluminación del local hace imposible que se le pueda ver la cara. Alza los brazos y muestra en sendas manos una uzi.

  • ¿¡Qué es esto!? - Grito con todas mis fuerzas.

  • Cabrones, ¡es una trampa! - Grita Juan Carlos mientras da orden de disparar a Alex, Xemi y Mario.

No obstante, antes de que consigan desenfundar, el misterioso hombre dispara a bocajarro a sus enemigos, hiriendo gravemente a Xemi y Alex. Seguidamente da varios pasos y con un ritmo sutil pero frenético realiza un par de saltos hasta situarse delante mía.

  • Buenas tardes guapa. Hacía tiempo que no nos veíamos. - Me comenta.

Cierro los ojos puesto que si no me mata de golpe, será alguna bala perdida de los hombres de Juan Carlos la acabará con mi vida, y en momentos tan peligrosos no se puede confiar en Tapia. Me preparo para contar y cuando llegue a tres pienso tirarme al suelo simulando que me han disparado.

  • Si cierras los ojos me lo pones mucho más fácil. - Dice el desconocido mientras me abraza con fuerza y me roba un beso.

  • ¡¡Oye!! - Le grito y le pego una patada en los huevos con tal fuerza que cae al suelo de golpe. - ¡Tapia vámonos!

  • Yo no contaría con eso. - Es la voz de Juan Carlos.

Me giro y me veo a Mario y a mi archienemigo apuntándome con sus armas.

  • Por si no te has dado cuenta tu compi ha huido por patas. - Comenta Mario.

  • Aún podemos arreglar esto por las buenas Patricia. Danos el token. No te pagaremos por el circo que habéis montado, pero prometo no matarte.

Creo que no hay otra solución. Lo prioritario ahora es salvar el pellejo. Meto mi mano en mi escote que es donde suelo guardar las cosas de valor... espera...

  • Joder, no me jodas Patri... - Replica Mario.

  • Te veo muy blanca, ¿qué pasa? - Pregunta Juan Carlos.

  • No lo tengo. ¡Me lo han robado! - Respondo.

Giro violentamente mi cara y veo que el chico que me había besado no está. El que simuló finalmente la caída... ¡fue él! Me robó mientras me abrazaba y aprovechó la discusión para escaparse.

  • Bueno señorita Mascarell, cierre los ojos. Te prometo que será rápido. - Mario alza el brazo derecho apuntando a mi cabeza con su arma mientras que con el brazo izquierdo le quita el seguro a la escopeta.

  • ¡PAM! - Suena el disparo, ¡pero estoy viva!

Mario cae fulminado al suelo.

  • Hoy no te toca morir. - Comenta una voz mientras yo y Juan Carlos giramos nuestras cabezas.

  • ¿¡Pero que has hecho capullo!? ¡Trabajas para mí! ¡No para ella! - Le grita Juan Carlos a Xemi por haber impedido mi muerte.

  • Jefe, la amo. - Replica Xemi.

  • ¡Pero serás gilipollas! - Grita Juan Carlos.

  • ¡Iros todos a la puta mierda! ¡Sois todos una panda de cerdos babosos! - Grito con todas mis fuerzas. No puede ser que los hombres sean tan capullos para cometer estas locuras delante de una chica soltera.

Aunque lo lógico sería que Xemi disparara a Juan Carlos para salvar el amor de su vida, se ve que el grito que acabo de hacer no le ha sentado bien. Coge su escopeta, suelta un par de lágrimas rápidas y sin mediar palabra se apunta a la cabeza y se suicida de un disparo.

Sin tiempo a reaccionar ante estas escenas tan traumáticas, ni yo ni Juan Carlos nos hemos percatado de que desde hace algo menos de un minuto están sonando unas sirenas.

  • Mierda, ya están llegando una banda de criminales en sus hermosas motos policiales. - Dice en voz baja mi rival.

  • Voto por hacer como si nada de esto hubiera ocurrido e irnos cada uno por su lado. - Le ofrezco como trato.

  • Pues sí, quedarnos los dos aquí sería malo para el negocio. - Contesta.

Dicho y hecho. Me levanto y salgo por la puerta opuesta por la que ha salido Juan Carlos.

  • ¡No me dejéis aquí cabrones! ¡Que estoy herido pero no muerto! - Grita Alex mientras nos alejamos del punto de encuentro por caminos distintos. Ahora sí que se muestra hablador, pero su sitación actual ya no es mi problema.

Me encuentro cerca de la plaza de España, concretamente en la salida del metro que hay al lado del viejo Druni. Se ve que hay manifestación, por que hay mucha gente corriendo de un lado a otro. A paso lento, debido a mi cansancio, decido recorrer la Avenida de la Gran Via de Fernando el Católico. Me acaba de pasar un 4x4 hiendo muy lento con un par de frikis dentro. Es raro ver un vehículo civil con gasolina, y seguramente irán lentos para no consumirla de golpe, no obstante viendo el nivel de frikismo que aparentan sus ocupantes no me preocupa en absoluto: seguro que son unas ratas de laboratorio jugando con su experimento de turno, como un motor a base de palomitas de maíz o vete a saber qué...

No obstante, hay otra cosa que me llama la atención, detrás de ellos hay una pareja que los persigue. Espera un momento... ¡Son María y Tapia!

  • ¡Che Patri! ¡Va! ¡No te quedes ahí parada! - Me espeta Tapia cuando llega a mi altura.

María directamente pasa de mi y sigue corriendo tras el coche. Es una chica muy torpe, seguramente ni se ha dado cuenta de que era yo.

  • ¿Estáis siguiendo a ese coche? - Le pregunto.

Tapia se para a respirar un poco: - Pues al principio me puse a seguir al coche por que cuando nos llamó María me dijo que eso (señala al 4x4) es nuestro método de huida.

  • Pero si está ocupado. - Replico.

  • Ya bueno, pero luego vi eso (señala a un Tiranosaurio que desde la lejanía corre hacia nosotros a toda leche) y me dije, ¡mejor intento entrar en ese coche!

  • La polla... - Contesto ante lo paranormal que resulta la situación.

A medio kilómetro, dentro del 4x4:

  • Oye Sospe, ¿a donde vamos? ¿Al mercado de la pulga a ver a Machán? - Pregunta Gonzalo.

  • Esto... ¿podemos dejar lo de Machán para más tarde? - Comenta Arturo.

  • ¿Tan poco quieres a tu novia? - Pregunta Sospedra al melenudo de Arturo.

  • No... es que detrás de esos frikis que nos siguen a nosotros... hay un dinosaurio siguiendoles a ellos.

jueves 5 de febrero de 2009

Capítulo 24: Todo por la patria

El Teniente José Ramón mira su reloj de bolsillo de forma nerviosa mientras sujeta firmemente su revólver cougar magnum.

  • No me gusta, Miriam ya debería de estar aquí. - Comenta a su inseparable subordinado, el Cabo Tornero.

  • Señor, los hombres se están impacientando.

  • Está bien, Empezaremos sin ella. - Realiza un suspiro, guarda su reloj de mano, desenfunda su flamante iPhone y realiza una llamada. - Cortad el suministro eléctrico en tres, dos, uno... ¡ya! - Vuelve a enfundarse el móvil en su cintura y agarrando fuertemente su pistola le replica al Cabo: - ¡¿Qué coño haces!? ¡Da la señal!

El joven José Tornero alza el puño para que las fuerzas de asalto sepan que es el momento de irrumpir en el jardín para entrar en el aula de comunicaciones y desconectar todas las infraestructuras.

  • ¿Y nosotros jefe? - Pregunta Tornero.

  • Bueno, pues mientras las fuerzas de asalto se encargan de aislar la Moncloa, tu y yo entramos por la puerta principal y arrestamos al Generalísimo.

  • ¿Así de sencillo?

  • Bueno, si lo fuera no estaríamos empuñando nuestras armas. - Replica el Teniente.

Como Pedro por su casa, Tornero y José Ramón aprovechan la distracción de los guardas de seguridad, que se encuentran batallando en la ala oeste del jardín con las fuertas de asalto, para entrar por la puerta principal del jardín. A cada paso que dan una farola del jardín se va apagando, debido a que desde central se ha cortado el suministro eléctrico de la edificación. La puerta de la Moncloa está abierta por lo que entran sin apenas despeinarse.

  • Bueno, ¿y donde se supone que estará el Generalísimo? ¿En el cuarto de pánico del garito? ¿En el sótano? - Pregunta intrigado Tornero mientras se agarra cada vez más fuerte de su pistola PP7.

  • No seas bobo, Sinclair no es ningún mandatario corriente. No puede desplazarse físicamente. - Replica el Teniente.

  • ¿Y de normal donde está? - Sigue insistiendo el Cabo.

  • ¿Pues donde meterías una televisión de 50 pulgadas? ¡En el comedor coño! - Le grita José Ramón mientras cruzan el gigantesco recibidor.

  • ¿No entiendo? ¿Qué tiene que ver un monitor de 50 pulgadas en esto?

Al fondo a la izquierda giran por un amplio pasillo y abren la cuarta puerta a la derecha. Ahí encuentran una sala gigante con dos guardas: los guardas presidenciales. Andan con paso firme y se sitúan en frente de los dos guardas.

  • Soy el Teniente de las fuerzas especiales don José Ramón Olivas Justo ¡¿Qué coño hacéis ahí!? ¿¡No véis que los comunistas están atacando Moncloa?! Yo y el Cabo Tornero nos encargaremos personalmente de la seguridad del ilustrísimo Generalísimo Sinclair Vanderbite III. ¡Id a ayudar a las tropas!

  • ¡¡Señor!! ¡¡Sí, señor!! - Gritan de forma firme los dos guardaespaldas mientras realizan el saludo militar.

Descuelgan sus fusiles del hombro y corren hacía la salida de la habitación como alma que lleva el diablo. Una vez se disponen a abrir la puerta José Ramón alza su magnum y haciendo alarde de gran puntería realiza dos disparos secos pero con una precisión letal, tumbando casi en el instante a los dos guardas.

  • Teniente, me ha parecido muy vil tener que matar a esos dos camaradas por la espalda. - Le replica el Cabo Tornero.

  • No se confunda Cabo, esos dos hombres vendieron su alma hace bastante tiempo.

José Ramón guarda su pistola en la posadera y con alarde de serenidad se decide a abrir la puerta presidencial.

  • ¿Por qué guarda el arma señor? ¿Y si Sinclair opone resistencia?

  • Creame, donde vamos a entrar toda arma es inútil.

Con sus dos manos desnudas mueve la enorme puerta corrediza hasta que consigue abrir el hueco suficiente para que las dos personas puedan entrar. Con paso firme entran en el vacío habitáculo. No hay nadie, sólo se vislumbra una mesa gigantesca que ocupa casi la totalidad de la habitación, un montón de armarios de ordenadores en clusters unidos con cables de fibra óptica anclados en 3 de las cuatro paredes... y un monitor plano de unas 60 pulgadas en la pared norte.

  • Sinclair Vanderbite III, por el poder que me confiere el poder militar y judicial de este país, le arresto bajo los crímenes de tortura, genocidio y traición a la patria. - Recita en voz alta José Ramón mientras el Cabo se sorprende.

  • Ya era hora. - Se enciende el monitor y se vislumbra una shell donde en el prompt se puede leer "sinclar@slx111". - Con el corte de electricidad los SAI sólo me garantizaban 30 minutos más de autonomía, me empezaba a preocupar.

  • No será para tanto. - Replica el Teniente.

  • No crea, es un coñazo. La última vez se me corrompieron varios terabites de mis raids y tardé casi 18 horas en restaurar dicha información. - Comenta Sinclair en tono resignado.

  • Bueno, como bien usted sabrá, estimado Generalísimo, ahora mismo se encuentra a nuestra merced. Está incomunicado y sin servicio eléctrico por lo que su única forma de sobrevivir es aceptando el arresto. - Replica José Ramón.

  • Con este golpe de estado está demostrando tener un buen par de cojones Teniente. No obstante se ha olvidado que también tengo conexión directa con los satélites a través de las parabólicas del tejado. Usted sólo se ha preocupado de la sala de comunicaciones. - Responde Sinclair.

  • ¿Qué está insinuando? - Pregunta el Cabo.

  • Que la hemos cagado hasta el fondo. - Responde José Ramón.

Mientras a millares de kilómetros, en la base militar de Tokyo (Japón):

  • Sempai, tenemos un mensaje de la máquina slx111 que no consigo entender.

  • ¿slx111? ¿Ese no es el superordenador que le vendimos a los españoles? A ver, pásame impreso el mensaje. - Coge la hoja que le facilita el subordinado. - ¡La polla! Dame línea directa con el Emperador!

  • ¿Es grave sempai?

  • ¡¿Que si es grave?! El sistema operativo de la máquina slx111 es el actual jefe de gobierno español, y nos está pidiendo asilo político. Vacía unos 500 terabites de memoria de los clusters, si el Emperador da el visto bueno es probable que tengamos que descargarlo.

jueves 8 de enero de 2009

Capítulo 23: Nerea

Maldigo las frías montañas alcoyanas. No quiero levantarme. Hoy no quiero ir a trabajar, quiero quedarme en la cama. No quiero moverme, sólo estar quieto.

  • ¡Puuuuuuuuuuuuu!

Mierda, la alarma. En diez minutos van a pasar lista los guardas.

  • Levántate coño, ¿o quieres que castiguen al barracón entero por tu vagueza? - Me recrimina una voz.

Abro los ojos y veo al capullo de Hernesto mirándome en tono amenazante.

  • Ya voy, ya voy... joder, dos años haciendo la misma mierda día tras día.

Hernesto se altera, se acerca, me agarra del cuello y me levanta un par de palmos de la cama.

  • ¡Vete a la puta mierda! ¡Si estamos aquí es por tu culpa cabrón! - Me sigue recriminando.

  • ¡¿Por mi culpa?! ¿Quién fue el que dijo “entremos en la web del Generalísimo y cambiemosla por una página gay”? Escucha tronco, nos pillaron por que yo fui patoso, pero si estamos aquí es por tu puñetera idea. - Le contesto.

Hernesto me suelta, me echa una mirada de desprecio y a paso lento sale del barracón. La mañana es fría, muy fría. El clima de la zona hace que cada día me duelan más las articulaciones. Me levanto con calma. Abro ese puñetero grifo oxidado y me limpio como puedo la cara. Por desgracia el agua tiene un color tan asquerosamente opaco que me da grima acercarme ese líquido a los ojos, pero se me pasa cuando pienso que de algo hay que morir en este campo de concentración.

Una vez fuera el capitán Isauro va nombrando uno a uno los nombres y apellidos de todos los cautivos, incluyendo el mío. Como cada mañana, ahora dispondremos de 20 minutos libres antes que nos hagan volver a excavar en las nuevas minas, situadas debajo del viaducto. Paso de perder el tiempo hablando con el gilipollas de Hernesto, así que me dirijo detrás de los barracones para fumar un pitillo que con sospechosa amabilidad me ha dado un guarda.

Enciendo ese maravilloso mechero de plata que me encontré la otra tarde... en el torso mutilado de Manuel Eugenio. Manda huevos, nunca entenderé la gente que se hace llamar como nombre de pila su nombre completo... en fin, Manuel Eugenio, descansa en paz, este pitillo va por ti.

  • Disculpa.

¿Que cojones? ¿Quién ha dicho eso? ¡Aquí no hay nadie!

  • Aparta un momento que voy a caer.

Miro arriba y pese a mi miopía reconozco una figura humana, así que decido hacerle caso y me aparto un par de metros a la izquierda.

  • ¡PAM!

  • Gracias tío. ¡Dani ya puedes bajar!

  • ¡PAM!

  • Esperad un momento, ¿quienes sois vosotros dos? - Pregunto.

  • Hay gente que sale de los campos de exterminio, digamos que a nosotros nos gusta entrar en ellos. - Responde ese tal Dani.

  • Yo te he visto antes... ¿tu no estabas en mi escuela en la UPV? - Este tío me suena, en serio.

  • Hombre, pues eso me simplifica mucho las cosas. Estoy buscando a Nerea, una vieja compañera de clase. ¿Te suena? - Me pregunta.

  • ¡Oh! ¿Un enamorado en busca de su doncella? - Que bonito me parece.

  • Digamos que Nerea es nuestra última esperanza para encontrar a su hermana - Me dice el compañero del Daniel este.

  • Lo que tu digas... - Le pego una última calada al cigarrillo y lo tiro al suelo. - El barracón de la izquierda es donde ingresó la semana pasada. Nunca está vigilado, así que no creo que hoy sea la excepción.

  • Muchas gracias. - Responde Daniel.

  • Por cierto, si vais a escapar hacerlo antes de un cuarto de hora, harán un recuento para llevarnos a cavar a la mina. - Les informo.

Daniel y su compañero se acercan al barracón señalado. Abren la puerta pero sólo ven unos cuerpos tirados en el suelo.

  • Dani, mira... ¡es ella! - Señala al fondo su inseparable escudero.

A paso rápido Dani se situa enfrente de Nerea. Está moribunda, desnutrida, esquelética, tirada al suelo con la cabeza mirando al suelo, pero viva.

  • ¿Qué cojones te han hecho? - Pegunta el joven.

Nerea gira su rostro y mira a la cara a Dani. Le han extraído los dos ojos y tiene una profunda cicatriz que cruza casi la totalidad de su cara.

  • ¡Nerea, Nerea! ¡Respóndeme por favor! - Grita Dani.

Por desgracia Nerea no contesta. Ximo posa su mano sobre el hombro de Dani y le dice:

  • Te espero fuera. Tomate tu tiempo.

Seguidamente a paso ligero sale del barracón. El recluso que fumaba ya se ha ido, seguramente se habrá presentado al recuento.

  • ¡PUM! - Suena un disparo.

Se abre la puerta del cubículo y de el sale un pálido Daniel, con salpicaduras de sangre en su tez.

  • Amigo, creeme, has hecho lo correcto. He encontrado una forma de entrar camuflados en Madrid, pero si quieres que entremos por la fuerza a escopetazo limpio lo entenderé. - Le informa Ximo.

  • La abracé, saqué la pistola, apunté a su sien... pero no disparé yo. - Responde Dani.

  • ¿Y el disparo? ¿Y la sangre?

  • Me quitó el arma y se suicidó.

  • ¿Cual es el próximo movimiento jefe? - Pregunta Ximo.

  • Sueños convertidos en ideales, el final que todos desean.

martes 16 de diciembre de 2008

Temporada 2